SOBRE LA PURGA DE ALTOS MANDOS MILITARES CHINOS.

Richard Gonzales

Evidentemente, se trata de una decisión que responde a la necesidad del control del «Partido» sobre el «fusil». Debemos comprender que, aun cuando el liderazgo chino pueda ser caracterizado como revisionista, no deja de manejar la doctrina de la Guerra Popular Prolongada, articulada a través del Ejército Popular de Liberación (EPL), cuya doctrina actual merece ser estudiada con detenimiento. Tal principio sigue siendo refrendado por su pensamiento militar.

Por tanto, en el manejo de una guerra prolongada frente a Occidente, el presidente Xi Jinping entiende con claridad la dinámica del escenario mundial y la forma en que se vienen perfilando los asuntos internacionales. De ahí que prepare a todo el Partido para esa necesidad histórica, en un contexto donde existen múltiples actores y no un árbitro único.

Asimismo, debe comprenderse que China se mantiene dentro de la doctrina de la Guerra Popular, lo que explica la movilización civil, la economía al servicio de la defensa, la fusión Estado-pueblo y una concepción estratégica de guerra prolongada.

En su doctrina actual de Guerra Popular en nuevas condiciones, oficializada desde la década de 1990, el EPL adapta elementos clave como:

  • la tecnología,
  • la información,
  • la economía global.

Esto implica una guerra integrada. Resulta imprescindible tomar en serio y estudiar a sus estrategas militares y políticos. Entre ellos destacan Qiao Liang y Wang Xiangsui, coroneles del EPL, quienes a partir de 1999 introducen la doctrina de la » Guerra sin restricciones», en la que se plantea que la guerra trasciende el campo estrictamente militar e involucra:

  • el comercio,
  • las finanzas,
  • el derecho internacional,
  • los ciberataques,
  • la información y propaganda.

Esta fusión, que posteriormente se oficializa bajo la presidencia de Xi Jinping, explica por qué se entiende que la empresa privada se suma a la potencia militar, que la infraestructura civil tenga uso dual y que la tecnología comercial y militar formen parte de un mismo entramado estratégico.

¿Tiene sentido priorizar la construcción de puertos, satélites y redes logísticas? Sí, porque está plenamente inserto en su doctrina. Ello significa que economía y defensa no están separadas, sino que constituyen un todo dentro de su desarrollo estratégico.

En lo inmediato, China busca evitar una guerra frontal directa con Occidente. Por esa razón, debe analizarse el rol de su aliado Rusia como el martillo que rompe el orden anterior, mientras China se concentra en la construcción de un nuevo orden mundial dentro de una estrategia global que se encuentra en pleno desarrollo.

Asimismo, es necesario observar cómo se reactualiza la doctrina de Sun Tzu: “ganar sin combatir”, en la medida de lo posible y dentro de los límites de la confrontación. Esto implica el socavamiento interno de Occidente mediante una guerra prolongada, para luego desplazar gradualmente la hegemonía occidental.

De ahí la prioridad otorgada a la seguridad de las cadenas de suministro, la tecnología, la soberanía política, la estabilidad interna y el mercado.

Por tanto, la reestructuración -o purga- de los altos mandos militares no es una cuestión meramente administrativa. Se trata de una operación política de profundidad estratégica, directamente ligada a la doctrina de la guerra prolongada y al escenario de una multipolaridad conflictiva en la que se desenvuelve la bipolaridad.

Esta purga también está vinculada a la necesidad de resolver problemas estructurales dentro del EPL, con miras a prepararse para escenarios de mayor tensión. Aun siendo revisionistas, no abandonan el principio de » El Partido manda el fusil», bajo su propia lógica y directriz. ¡Ojo!, ello responde a varios riesgos:

  • la autonomización de élites,
  • la formación de redes internas de lealtad,
  • la necesidad de contar con mandos más leales y con una fracción que permita que el Partido mande y concentre el poder para una alta tensión que se apresura,
  • conjurar la infiltración, cooptación o posicionamiento de agentes externos o favorables a los intereses de la estrategia occidental.

Debe considerarse el riesgo de una guerra frontal con Occidente, por ejemplo, en el problema de Taiwán, el mar del Sur de China y la competencia con EE. UU., así como las tensiones derivadas del rearme de Japón. Todo ello conduce a purgas orientadas a corregir debilidades. ¿De qué se acusa a los altos mandos? De corrupción y deslealtad. Un mando corrupto no sirve en momentos de alta tensión; menos aún uno incompetente o desleal.

En el plano interno, estas medidas implican blindar al Partido frente a posibles crisis en el EPL, al que reiteradamente se le ha definido como » garantes del orden”, conjurando así la experiencia de la restauración del capitalismo en Rusia y reafirmando la consigna de no perder el control del ejército.

En un mundo de multipolaridad en conflicto, la bipolaridad se desenvuelve en distintos frentes, con actores que se preparan o reajustan liderazgos para escenarios de mayor confrontación.

¿Acaso Trump no está rompiendo paradigmas de aquel imperialismo liberal que jugaba dentro de las » reglas” que ellos mismos construyeron? Es evidente que ese imperialismo ya no posee una hegemonía absoluta en todos los planos, aunque conserve un peso decisivo en las finanzas, médula del sistema. ¿No es consciente la dirección yanky de la necesidad de concentración del poder? ¿No se generan acaso crisis internas a propósito para ese fin?

Se habla incluso de una eventual reelección de Trump por dos periodos más, así como de la reestructuración de las enmiendas constitucionales para consolidar ese proyecto. Ello no niega la existencia de problemas reales internos en múltiples ámbitos, ni las fricciones entre fuerzas industriales, financieras y tecnológicas, cada una con su propia visión estratégica.

También se discute la posibilidad de una balcanización de Canadá, principalmente en la zona petrolera, o la fragmentación de una Europa resquebrajada, todo ello como parte del golpe a los llamados “globalistas”.

En Medio Oriente, región clave de disputa, convergen los intereses de EE. UU., China, Rusia e India, así como de potencias regionales como Irán, Turquía y Arabia Saudita. Estos actores compiten en el tablero mundial, lo que confirma el carácter multipolar del sistema, dado que hoy la guerra no es solo militar.

La posición de la bipolaridad es, en gran medida, una construcción discursiva del Pentágono con un objetivo narrativo. Los hechos en la realidad práctica muestran anarquía, caos y la ausencia de un centro único de poder.

Finalmente, debe considerarse el peso de la masa -la dimensión poblacional- como un factor estratégico. ¿Acaso no existe en China, India o Sudáfrica? La masa cuenta, y no solo como número poblacional.

31/01/2026

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