Groenlandia, punto de quiebre en la relación entre EE.UU. y sus aliados militares: la guerra con Irán, un conflicto que no pertenece a la OTAN

Por: Gerardo Franceschi

Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1949, se creó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la cual giró en torno al poderío de Estados Unidos en función de proteger a sus aliados europeos tras el conflicto bélico.

Es importante señalar que una de las motivaciones que llevó a la configuración de esta alianza militar fue frenar lo que ellos denominaban el expansionismo de la Unión Soviética, la cual representaba —según su narrativa— una amenaza para Europa.

Por más de siete décadas, 31 países del continente europeo han puesto sobre los hombros de Estados Unidos la seguridad de sus territorios, afianzando sus relaciones militares, económicas y políticas en nombre de la libertad.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, un hecho histórico en el relacionamiento entre Washington y sus aliados de la OTAN ha marcado un distanciamiento que impacta directamente la influencia estadounidense sobre Europa.

Recientemente, el gobierno de Donald Trump ha mostrado interés en apropiarse de Groenlandia, ya sea mediante la fuerza o a través de una negociación. Esta pretensión representó una amenaza directa sobre el territorio groenlandés y sobre Dinamarca, país miembro de la Alianza. Desde entonces, se instaló una fricción en el seno de la OTAN debido a la postura adoptada por la Casa Blanca.

Lo que comenzó con la intención de convertir a Groenlandia en el estado número 51 de Estados Unidos ha desencadenado una férrea posición de los países de la OTAN, que se niegan a sumarse al llamado de Trump para intervenir militarmente contra Irán, específicamente en la necesidad de abrir —mediante una coalición militar— el estrecho de Ormuz, por donde transita el 19% de todos los productos refinados del petróleo que se consumen en el mundo, así como el 13% de los productos químicos, incluidos fertilizantes. Esta situación ha afectado sensiblemente a la economía global.

Ante esta realidad, los países de la OTAN muestran cada día mayor resistencia a formar parte de la guerra en Medio Oriente. Han expuesto que se trata de un conflicto que pertenece a Israel y que está fuera de su jurisdicción. Además, sostienen que no existen argumentos convincentes para una escalada bélica, tal como lo han manifestado el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, y el canciller alemán, Friedrich Merz.

En este sentido, estamos frente a lo que podría conocerse como el primer quiebre en las relaciones históricas entre Estados Unidos y la OTAN, lo cual derivaría en la pérdida de la influencia que durante décadas ha sostenido la política norteamericana sobre Europa.

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