DEBILITAMIENTO DEL SISTEMA IMPERIALISTA

(AGOTAMIENTO HISTÓRICO Y SU DESTRUCCIÓN)

Por: Richard Gonzales

“…Los cambios que se producen en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de sus contradicciones internas, es decir, las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, entre las clases y entre lo viejo y lo nuevo. Es el desarrollo de estas contradicciones lo que hace avanzar la sociedad e impulsa la sustitución de la vieja sociedad por la nueva…”

— Presidente Mao. Sobre la contradicción (Agosto de 1937), Obras Escogidas, t. I.

“…He dicho que todos los reaccionarios, tenidos por fuertes, no son más que tigres de papel. La razón es que viven divorciados del pueblo. ¡Miren! ¿No era Hitler un tigre de papel? ¿No fue acaso derribado? También dije que el zar de Rusia, el emperador de China y el imperialismo japonés fueron todos tigres de papel. Como saben ustedes, todos ellos han sido derribados. El imperialismo norteamericano no ha sido derribado aún y tiene la bomba atómica. Estoy seguro de que asimismo será derribado. También es un tigre de papel.”

— Presidente Mao. Intervención en la Conferencia de Representantes de los Partidos Comunistas y Obreros de Moscú (18 de noviembre de 1957).

A lo largo de la historia, los imperios se han sucedido unos a otros; viejos imperios milenarios han sido reemplazados por nuevas estructuras de poder. La razón fundamental reside en que unas relaciones productivas dadas caducan y otras nuevas se desarrollan para sustituirlas. Si bien es cierto que las leyes sociales son más complejas que las leyes de la naturaleza, nadie puede sostener que el quehacer humano sea estático, perenne o absoluto. Todo lo creado, tanto en los conflictos sociales —la lucha de clases— como en la materia misma, se encuentra en constante transformación.

En la actual etapa de imperialismo, fase superior y última del capitalismo, y aun desenvolviéndose en el marco de una Cuarta Revolución Industrial, las crisis económicas se vuelven recurrentes y más profundas. Observamos una frecuencia creciente de recesiones globales y la caída de las tasas de ganancia del capital —interrumpidas apenas por recuperaciones transitorias—, así como un endeudamiento público y privado que se torna impagable. Estos hechos conducen inevitablemente a inestabilidad financiera, burbujas especulativas y fuga de capitales.

Hoy vemos, en el caso de EE. UU. —gendarme y enemigo principal de los pueblos del mundo—, un evidente debilitamiento industrial y productivo estratégico. Aunque en su pretensión de recuperar la hegemonía perdida aún no se hunde estrepitosamente, es nítido su proceso de declive geopolítico.

Esta realidad conlleva el surgimiento de potencias y superpotencias alternativas dentro del mismo sistema capitalista (China, India, Rusia), las cuales confrontan por el poder global, ya sea regionalmente o en disputa abierta por el liderazgo mundial. Esta confrontación abarca desde conflictos bélicos y no bélicos, guerras de todo tipo, estancamiento y derrotas militares, hasta la dificultad para mantener guerras prolongadas y ocupaciones, llegando al exterminio de pueblos, como en el caso de Oriente Medio. Son expresiones de una sociedad en decadencia y debilitamiento sistémico que, en los hechos, derivan en acciones desesperadas por la subsistencia a costa del desprestigio internacional tras intervenciones fallidas.

Según el derecho internacional, los países son soberanos y pueden decidir libremente sus alianzas, acuerdos económicos y socios estratégicos. Bajo esa legalidad, ninguna nación tiene «derecho» a controlar las relaciones diplomáticas de otra. Sin embargo, por encima de esa legalidad se impone la necesidad de influencias regionales y mundiales, más aún cuando los bloques se avivan en confrontaciones por el control de recursos y mercados.

¿Qué demuestran tales hechos? Que las libertades económicas, el libre mercado, la no intervención y el comercio sin barreras son válidos en tanto no intervengan otras potencias en sus zonas de influencia. Es decir, las libertades económicas son condicionales a la potencia y sus zonas de dominio. Por tanto, priman la «seguridad nacional», la contención de rivales, la defensa de aliados, el control de rutas energéticas y la preservación de la influencia geopolítica.

Hoy, una sociedad que se radicaliza hacia el control social total, la fascistización y el militarismo, prueba en los hechos que este sistema está debilitado. Han caído sus paradigmas; el mismo neoliberalismo se hunde en su propio fracaso. Esto genera conflictos internos en la misma «ubre de la bestia», con expresiones de polarización política, crisis profunda de legitimidad institucional y movimientos sociales que ya no callan, luchando por derechos y libertades ante condiciones de vida paupérrimas, cuestionando el modelo económico dominante.

El sistema transita, entonces, por un proceso de deslegitimación ideológica. Esta es la razón de la desconfianza generalizada hacia las instituciones financieras globales, así como las críticas al libre comercio y a la financiarización. Existe una fatiga social concreta y con mayor peso en perspectiva, dada la creciente y grosera desigualdad. Mientras el empobrecimiento aumenta, los movimientos sociales se tornan explosivos.

RECONFIGURACIÓN DEL ORDEN ECONÓMICO GLOBAL

Es evidente la pérdida de dominio del dólar y el surgimiento de transacciones en divisas regionales propias, hecho que causa pánico al gendarme del mundo ante la aparición de monedas alternativas o sistemas paralelos a la divisa hegemónica. Aunque la sustitución del dólar no es tarea fácil ni simple, dado que aún es la divisa porcentualmente dominante, debemos registrar el proceso de reubicación de cadenas productivas fuera de las superpotencias tradicionales. Esto explica el avance de integraciones como la cooperación Sur-Sur; es decir, la reconfiguración de las zonas de dominio en todos los planos y la confrontación entre bloques.

Si a esto sumamos la crisis tecnológica y social, la incapacidad del sistema para responder a la crisis ambiental, las tensiones éticas por el control tecnológico (datos, IA, automatización) y las migraciones masivas que desafían fronteras políticas, el panorama muestra una erosión múltiple: económica, militar, geopolítica, ideológica y social. No es otra cosa que la crisis general del sistema imperante.

TENDENCIA A LA BAJA DE LA TASA DE GANANCIA DEL CAPITAL

Para sobrevivir, el capitalismo necesita una innovación constante de tecnología y maquinaria (capital constante), con mayor razón al haber entrado en su fase imperialista. Su propósito es bajar los costos de producción reduciendo el trabajo del obrero (fuente de la plusvalía) para competir entre los monopolios.

Esto nos lleva a analizar la composición orgánica del capital. Hoy, en la Cuarta Revolución Industrial, la innovación en máquinas, tecnología, IA y robótica (capital constante) va en aumento acelerado frente a un estancamiento salarial y pérdida de capacidad adquisitiva (capital variable), con el fin de proseguir en esa competencia sin fin.

Este hecho evidencia la baja de la tasa de ganancia del capital. En el caso de EE. UU., existe una tendencia secular a la caída; según Michael Roberts, la tasa de ganancia en el sector financiero estadounidense habría caído un 32% desde 1945. Roberts señala que esto implica, en parte, un aumento de la «composición orgánica del capital» (más capital constante relativo al capital variable), sumado a una disminución de la tasa de plusvalía en ciertos periodos. Asimismo, sus datos indican que, entre 1946 y décadas recientes, habría un alza secular del capital constante de un 60%.

A nivel mundial, según el artículo “La transitoriedad histórica del capital”, existe una estimación de la tasa de ganancia mundial para el periodo 1955-2010. La tasa ponderada mundial (sin China) tiene picos y caídas; por ejemplo, se estima que en 2008 rondaba el 20,9% incluyendo a China, mientras que sin ella sería más baja (16,4%). Estas estimaciones muestran fluctuaciones: no es una caída lineal sin interrupciones, pues hay periodos de recuperación, pero la presión a la baja sigue siendo relevante a largo plazo.

Si bien la intensificación de la explotación (mayor plusvalía), la desvalorización del capital o su rotación más rápida pueden moderar o revertir temporalmente la caída —según Chris Harman—, la tendencia persiste. La caída de la tasa de ganancia no significa el colapso inmediato del capitalismo; no existiendo un «topo» organizado con la fuerza para desplazarlo al basurero de la historia, el sistema no caerá por sí solo.

Como decía el Presidente Mao:

“El imperialismo no vivirá mucho porque perpetra toda clase de infamias. Sostiene con obstinación a los reaccionarios de los distintos países, hostiles a los pueblos. Ocupa por la fuerza muchas colonias, semicolonias y bases militares. Amenaza la paz con una guerra atómica. De esta manera, forzada por el imperialismo, más del 90 por ciento de la población mundial se está alzando o se alzará en masa a la lucha contra él. Pero el imperialismo aún está vivo; todavía hace y deshace en Asia, África y América Latina. En el mundo occidental, los imperialistas siguen oprimiendo a las masas populares de sus propios países. Esta situación ha de cambiar. Es tarea de los pueblos del mundo entero poner término a la agresión y opresión que realiza el imperialismo, principalmente el imperialismo norteamericano.”

(Entrevista con un corresponsal de la Agencia de Noticias Xinhua, 29 de septiembre de 1958).

Y también:

“Con su despótica actuación en todas partes, el imperialismo norteamericano se ha convertido en el enemigo de los pueblos del mundo y se ha aislado cada vez más. Nadie que se niegue a ser esclavo se dejará atemorizar por las bombas atómicas y de hidrógeno en manos de los imperialistas norteamericanos. La marejada de indignación de los pueblos del mundo entero contra los agresores norteamericanos es irresistible. La lucha de los pueblos del mundo contra el imperialismo norteamericano y sus lacayos logrará indefectiblemente victorias aún mayores.”

Declaraciones de apoyo al pueblo panameño en su justa lucha patriótica contra el imperialismo norteamericano (12 de enero de 1964).

Debemos incluir también la pérdida del valor del dólar. Aunque su rol hegemónico aún es preponderante —allí radica la fortaleza del imperialismo yanqui— y sigue siendo la moneda de reserva internacional, su peso disminuye. Según el FMI, la cuota del dólar en las reservas oficiales ha caído de un 53% al 32% en el segundo trimestre de 2025. Estas caídas se deben a tipos de cambio y a la apreciación de otras monedas frente al dólar.

Analistas como Jen & Freire sugieren que la caída podría haberse acelerado por factores geopolíticos recientes, como las sanciones y la diversificación de divisas. Se estima que la cuota del dólar bajó del 73% (2001) al 47% en 2022, aunque estas cifras dependen de los métodos de cálculo.

En lo inmediato y en las décadas venideras, esto no significa que el dólar deje de ser moneda de reserva de la noche a la mañana. Incluso a China, pese a poseer bonos estadounidenses, no le conviene una caída estrepitosa del dólar. Sin embargo, a la larga, dejará de ser la moneda de reserva dominante o se convertirá en una divisa regional más.

La tendencia a la desdolarización es un hecho. Será una caída gradual, concretándose a la larga en un sistema financiero multipolar —varios polos de poder sin un centro hegemónico único— o en hegemonías regionales. Esto, a menos que en el proceso de confrontación el sistema financiero se desacredite totalmente por la acción política entre imperialismos, la desconfianza estructural por fracturas y las confiscaciones o robos descarados de divisas, como ya ocurre en el tablero geopolítico.

Existen múltiples tensiones: deudas internas, fragilidad geopolítica, confrontación abierta entre superpotencias y explosiones sociales. Aun así, el sistema no cae por sí solo. Al no haber un contendor abierto y franco construyendo un poder para las masas —un proceso de contienda de una nueva sociedad sobre la vieja—, el sistema se recicla y se recompone, volviendo con más destrucción y muerte.

El Presidente Mao habló de un horizonte de 50 a 100 años para la caída del imperialismo; estamos en ese proceso. Esto no significa que las relaciones productivas capitalistas desaparezcan automáticamente. En definitiva, para que el sistema sea barrido existe una condición indispensable y contundente: la acción de los Partidos Comunistas y la organización del proletariado mundial construyendo el socialismo. Caso contrario, el sufrimiento y las desgracias para las masas del mundo se prolongarán mucho más.

12/12/2025

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