Por Richard Gonzales

El sistema imperante, en su marcha, vive una crisis general inevitable, una crisis en todos los planos. Hoy atraviesa tensiones más profundas que se expresan desde la crisis del modo de producción capitalista y su modelo fordista, cuya crisis viene arrastrándose y profundizándose desde la década del 70 del siglo pasado.
Este modelo de producción se basaba en un aumento sostenido de la producción, lo que generaba un mayor consumo de las masas y, por tanto, un uso extensivo de los recursos naturales. Obviamente, esto era secundado por la capacidad de compra masiva y salarios con poder adquisitivo de la clase media. Pero, como muchos analistas lo expresan, a partir de los años 70 del siglo pasado se inicia un proceso de desaceleración: los mercados se saturan por la sobreproducción, a lo que se suma la exigencia y presión salarial, así como los altos costos de la materia prima, hechos que reducen la rentabilidad empresarial y traen consigo la caída de la tasa de ganancia del capital.
Hoy vemos que, luego de la crisis del 2008, esta crisis se ha profundizado, trayendo consigo un desorden financiero, pérdida de empleabilidad, pérdida del valor del dólar y el nacimiento de nuevas divisas de intercambio. Estos hechos ponen en riesgo, cada día que pasa, el monopolio del dólar y el financierismo parasitario.
A este contexto se suman nuevos actores en el tablero mundial, como Rusia, que se recupera y reclama su papel estratégico disputando zonas de dominio. China, el actor más trascendente por su significancia estratégica, cuyo accionar en todos los planos pone en cuestión la hegemonía yanqui, hecho que lleva a una tensión mundial que se expresa en una contienda por zonas de dominio y mercados.
Pero también actores regionales como India, Irán, Corea del Norte, Brasil y Sudáfrica disputan regionalmente según sus potencialidades. La sobre extensión imperial pasa la factura histórica, y hoy vemos un proceso de declive del imperialismo yanqui. La disputa por Medio Oriente es un detonante más, un acelerador más en la crisis sistémica que se profundiza, a la vez que se reconfigura el papel de esta zona tanto en el comercio internacional como en la cuestión energética, que hasta antes tenía el monopolio yanqui. El afán de salvar su divisa, el dólar, es la razón de este conflicto: tiene que ver con la salvaguarda de su portaviones en Medio Oriente, Israel, avanzada del hegemonismo yanqui que hoy sufre su más grande derrota.
Como vemos, la guerra de rapiña desatada contra el pueblo de Irán para salvaguardar su portaviones sionista afectó los intereses de la comunidad europea, dada la dependencia energética de esta zona para sus industrias, al igual que a sus socios como Corea del Sur y Japón.
El gendarme más genocida y cruel del mundo, ante la impotencia y el combate del pueblo iraní, pretendió involucrar en esta guerra de rapiña a sus «socios», aun cuando afecta profundamente los intereses de estos.
Lo que vemos hoy es una triste lamentación ante el portazo de sus propios «socios» con un ¡no! rotundo a la escalada de guerra que pretende EE.UU., hecho que tendrá derivaciones políticas profundas en el tablero geoestratégico.
Ya el representante de este gendarme del mundo, en su red social, declaró que «ya no necesitan de la OTAN», ni de Corea del Sur, Japón, etc. ¿Acaso es la muerte de la OTAN, o el divorcio con Europa y un aislamiento mayor para parapetarse en sus zonas de dominio como es el continente americano? En ese contexto podemos ver con claridad el sentido de la nueva estrategia de seguridad de este gendarme del mundo y su nuevo colonialismo, muy agresivo y feroz, que desataría incluso guerras en esta zona, dentro de la contienda por este continente entre imperialismos.
Las grietas se abren por todos los lados para este gendarme. Para el mismo sistema, que presenta fisuras evidentes, vulnerabilidades financieras, una deuda que crece y crece de forma masiva, el aumento de la desigualdad, sin mencionar las contradicciones interimperialistas que se agudizan en un proceso de declive de un gendarme mundial y el surgimiento de un nuevo hegemón como China.
En esa debilidad sistémica, la caotización de la sociedad no es nada casual, menos la militarización, el seguritismo, la fascistización, el control, etc. Más aún cuando los riesgos de una explosión social mundial son latentes. Aunque no hay una nítida dirección y liderazgo de la clase más revolucionaria constituida en partido (el proletariado), sin embargo, las masas, al sufrir todas las inhumanidades de este sistema, luchan y lucharán hasta emprender y comprender que su destino no cambiará mientras no se empeñen en un proceso de transformación revolucionaria que concrete Estados socialistas, rumbo a su meta última.
19 de marzo de 2026


