Por: Gerardo Franceschi.

En pleno Siglo XXI, los EE. UU. continúan su visión de dominio expansionista. Por ello, en la medida que se gesta un cambio en el tablero de la geopolítica mundial, el Gobierno norteamericano busca incidir con mayor persistencia en América Latina y el Caribe, como su área de influencia e interés desde la creación de la Doctrina Monroe hace más de 200 años.
En ese sentido, en las nuevas Estrategias de Seguridad Nacional de los EE. UU. (2025), se expone: “Queremos mantener el inigualable ‘poder blando’ de Estados Unidos, mediante el cual ejercemos una influencia positiva en todo el mundo que promueve nuestros intereses. Al hacerlo, no nos disculparemos por el pasado y el presente de nuestro país…”. Asimismo, plantea: “Queremos asegurar que el hemisferio occidental permanezca razonablemente estable y suficientemente bien gobernado para prevenir y desalentar la migración masiva a los Estados Unidos; queremos un hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra los narcoterroristas, los cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un hemisferio que permanezca libre de fuerzas extranjeras hostiles. La incursión o la propiedad de activos clave que sustentan cadenas de suministro críticas; y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave. En otras palabras, haremos valer y aplicaremos un ‘Corolario Trump’ a la Doctrina Monroe…”, lo que sugiere acciones que conllevan a mayor control territorial a través de fuerzas militares, políticas, sociales y económicas.
Actualmente, EE. UU. tiene la necesidad de dominio sobre el territorio nuestroamericano; por ello, los últimos movimientos políticos que se han suscitado en la región han sido favorables para sus pretensiones imperiales e injerencistas, ya que se alinean con sus intereses.
En el marco de la Cumbre “Escudo de las Américas”, el Secretario de Guerra Pete Hegseth aseveró: “El presidente Trump ha dibujado un nuevo mapa estratégico desde Groenlandia hasta el Golfo de América, hasta el Canal de Panamá y los países que los rodean. En el Departamento de Guerra llamamos a este mapa estratégico la Gran Norteamérica. ¿Por qué? Porque cada nación soberana y territorio al norte de la línea ecuatorial, desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana, no es parte del ‘Sur Global’. Es nuestro perímetro de seguridad inmediato”. Significa que bajo la Doctrina Monroe se pretende imponer una “tesis de seguridad” ajena a las necesidades y realidades de Nuestra América, gracias a la inacción de los Gobiernos de la Región, lo cual será perjudicial para los Pueblos.
Esta nueva área de influencia delineada por la Casa Blanca pasa por Groenlandia, Canadá, Estados Unidos, México, Cuba, República Dominicana, Haití, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y Ecuador. De esa manera, se compromete la soberanía y la autodeterminación de estos países, ya que representa un peligro para el interés nacional de cada nación.
Al final de esta historia, serán los Pueblos quienes pagarán el costo de estas decisiones, debido a que van en detrimento de sus derechos y desarrollo, para darle paso a la expoliación de sus recursos económicos y sujeción a mayor control militar que impida cualquier intento de rebeldía de los Pueblos.
Por tal motivo, nos acercamos cada día a un panorama oscuro, que podría retrotraernos a la época de persecución del movimiento popular, pérdida de los derechos y acrecentamiento de la desigualdad social.



