Richard González

El anuncio del alza brutal en los costos de la gasolina y el petróleo, ya en proceso, realizado por el gobierno de Kast, afectará a millones de personas pobres, dado que incrementará el costo de vida y pauperizará aún más las condiciones ya miserables de millones de explotados y oprimidos.
Mientras tanto, de manera contraria, se reducen los impuestos a las inversiones del gran capital y a los superricos, que representan el 1% de la población. Incluso en tiempos de crisis, estos sectores, movidos por una avaricia sin límites, no sacrifican un solo peso de sus sobreganancias, obtenidas a partir de una mayor extracción de plusvalía de la masa trabajadora.
El retail, las mineras, los puertos, las empresas aéreas, la gran agricultura y los bancos, entre otros sectores, continúan saqueando al pueblo chileno. Prosiguen en su orgía de ganancias aun en tiempos de crisis. Tal es la moral inhumana de esta clase explotadora y opresora que, contando con un gobierno empresarial y de ultraderecha en la administración, hoy impulsa —y ya pone en marcha— una mayor miserabilización de la vida de millones de personas pobres.
El problema de fondo no radica únicamente en los administradores de este Estado canalla, opresor y explotador, sino en las propias relaciones productivas capitalistas. Se trata de un Estado capitalista sanguinario, instrumento de hegemonía, poder y violencia contra los millones de pobres; un Estado que empobrece más a los pobres y enriquece más a los ricos.
Es un Estado que no sirve a los pobres ni está para ellos, sino para defender a sus accionistas: ese 1% de la población superrica. Este instrumento responde a sus intereses y así ha sido históricamente.
Las relaciones productivas construidas por esta clase antihumana están diseñadas para hacer más ricos a los ricos y mantener en la miseria a los más pobres. En consecuencia, la lucha popular debe apuntar a derrocar este sistema en su conjunto, pero también a enfrentar a la burocracia adicta y defensora de este Estado canalla y de sus amos, pues son estas estructuras las que buscan prolongar las cadenas y los sufrimientos de los pueblos.
Este proceso requiere organizar a las masas y generar conciencia sobre su condición de explotación en el contexto actual. Nada vendrá en su beneficio desde sus opresores; absolutamente nada. Por el contrario, serán objeto de mentiras y engaños para continuar siendo explotadas y oprimidas con mayor saña.
Por tanto, existen grandes tareas para las personas conscientes y comprometidas con el pueblo, quienes deben asumir la responsabilidad de organizar y politizar a las masas.
Hoy corresponde luchar contra el alza del costo de vida, por impuestos a las sobreganancias, por salarios acordes al costo de vida, por la nacionalización de los recursos estratégicos de la nación y por la construcción de un Estado que responda a los verdaderos intereses del pueblo.
Esto implica también la lucha por una nueva Constitución mediante una asamblea constituyente real, no un proceso engañoso. Se debe apuntar al cambio del capítulo económico como base para una transformación verdadera, sin la cual no es posible hablar de cambio alguno.
24/03/2026



