Por Alex A. Chamán Portugal
La historia del capitalismo es, en esencia, la historia del expansionismo, avasallamiento, exterminio y despojo. Su fase superior y última, el imperialismo -como lo definió Lenin- representa la forma más acabada de saqueo organizado, violencia internacional y dominación económica. En pleno siglo XXI, esta realidad adquiere nuevas expresiones, pero conserva intacto su injusto núcleo estructural mediante la utilización de la fuerza, la guerra, la manipulación, el adormecimiento y el terror para sostener un sistema en irreversible descomposición. El robo descarado de un buque petrolero de la República Bolivariana de Venezuela, no es un hecho aislado, ya que es una señal inequívoca de la agonía del imperialismo estadounidense, que recurre sin pudor a la piratería estatal para frenar el ascenso de un orden mundial bipolar que ya no puede contener.

Entre la piratería y el terrorismo económico
El imperialismo estadounidense, lejos de representar fortaleza, expresa hoy su profunda crisis estructural. Ante la descomposición de su hegemonía global, Washington reedita doctrinas coloniales como la Doctrina Monroe, para reafirmar su pretensión de que América Latina y el Caribe deben continuar siendo su “patio trasero” a cualquier costo. La persistente violencia económica, política, militar, diplomática, mediática y jurídica es su respuesta a la decadencia.
Estados Unidos, la nación más genocida de los siglos XX y XXI, ha edificado su poder sobre masacres de pueblos enteros. Es la potencia terrorista que redujo Afganistán, Irak, Libia y Siria a ruinas y matanzas inmisericordes; que patrocinó guerras sucias, dictaduras, torturas crímenes y golpes de Estado en buena parte de las naciones del mundo; que financia y participa del exterminio contra el heroico pueblo palestino favoreciendo al genocida régimen sionista de Israel. Su despiadada maquinaria de guerra, repartida en casi 900 bases militares en todos los continentes, constituye un sistema planetario de ocupación que viola el derecho internacional burgués y la libre autodeterminación de los pueblos en aras de garantizar la descarada apropiación de recursos naturales y suprimir cualquier experiencia que desafíe la dominación imperialista expresada en el capital transnacional.
Venezuela en el centro de la confrontación histórica
En este escenario global, Venezuela se ha convertido en el “mal ejemplo” que el imperialismo necesita sofocar. La Revolución Bolivariana demostró que la renta petrolera puede colocarse al servicio de las masas populares y al servicio de pueblos hermanos, que un país del Sur puede decidir soberanamente su destino y que es posible desafiar al perverso imperialismo sin arrodillarse. Así, desde 2015, contra Venezuela se ha desatado una cruel guerra híbrida de dimensiones inéditas, puesto que más de 1.100 medidas coercitivas unilaterales -genuinas armas de destrucción masiva- han sido aplicadas con el objetivo de destruir la economía, generar escasez, deteriorar la infraestructura nacional, impedir importaciones, así como, provocar destrucción y sufrimiento social para fomentar un cambio de régimen imponiendo gobiernos títeres. Igual que la ejemplar Cuba, que resiste heroicamente un bloqueo genocida desde hace más de seis décadas y media, Venezuela enfrenta un asedio medieval disfrazado de diplomacia.
La incautación del buque petrolero venezolano es la confirmación de que el imperialismo yanqui ha convertido la piratería en política de Estado. Este crimen se suma al robo de CITGO, la confiscación de reservas de oro venezolanas en el Banco de Inglaterra, la apropiación ilegítima de cuentas y empresas estatales, y la utilización de su sistema financiero para legalizar el despojo. El vil imperialismo y sus socios han violado reiteradamente sus leyes internacionales liberales, ya que cuando éstas no favorecen sus intereses, las ignora o las destruye.
La dominación imperialista mediante las guerras, propaganda y saqueo
La ofensiva imperialista no es solo política, militar o económica; es también una guerra ideológica, y cultural. La maquinaria mediática del capitalismo se caracteriza por manipular por lo que difunde narrativas que buscan deshumanizar a los pueblos en resistencia, demonizar a sus organizaciones consecuentes y líderes dignos, fracturar su moral superior y fabricar consenso internacional para justificar una atroz ofensiva que consolide el saqueo. Estamos frente a la guerra cognitiva que se constituye en la nueva forma de dominación del capitalismo senil.
Referida ofensiva también revela su desesperación. Así, el imperialismo en descomposición recurre a métodos cada vez más brutales como la piratería moderna, sanciones unilaterales, operaciones encubiertas, terrorismo financiero, guerras por sustitución, bombas humanitarias, tutelaje judicial y una red global de terrorismo y espionaje total. No obstante, lejos de consolidar su poder, estas nefastas prácticas aceleran su aislamiento y fortalecen la conciencia anticapitalista y antiimperialista, especialmente, en las naciones oprimidas y pueblos del mundo.
La resistencia bolivariana frente al asedio imperialista
A pesar de esta arremetida feroz, el pueblo venezolano no ha sido derrotado, puesto que ha demostrado una singular capacidad de resistencia que desconcierta al imperialismo y sus socios vasallos, por lo que asombra al mundo. La Revolución Bolivariana ha logrado sostener su soberanía energética, diversificar alianzas internacionales, reorganizar su economía y mantener un horizonte de justicia social en medio del bloqueo. A decir de la CEPAL; Venezuela registró en la región un formidable crecimiento económico el 2024 y en la presente gestión 2025 reeditará aquello para bien de la sociedad en su conjunto y, en particular, del pueblo.
Esta resistencia no es solo nacional, sino también histórica y continental, puesto que es la expresión viva de que los pueblos pueden enfrentar y desgastar a una potencia imperialista, incluso cuando esta dispone de un inmenso poder político, militar, mediático y financiero.
Una batalla global por el nuevo orden mundial
La agresión contra la Venezuela Bolivariana es solamente un capítulo de una ofensiva más amplia contra todos los pueblos que buscan independencia y construcción de sus propios proyectos de desarrollo, progreso y bienestar. África, Asia Occidental, el Caribe y América Latina experimentan hoy la embestida de un imperialismo decrepito que se niega a aceptar su ocaso. Pero en cada una de estas regiones crecen también nuevas formas de organización y poder popular, nuevas potencias capitalistas emergentes y nuevas alianzas internacionales que consolidan una bipolaridad en ciernes en el marco de la reconfiguración del nuevo orden mundial.
Venezuela, Cuba, Palestina, Líbano, Yemen y otros pueblos representan hoy la vanguardia moral de la humanidad, ya que son pueblos que combaten, resisten y avanzan en medio de la barbarie capitalista e imperialista.



