UNIPOLARIDAD, BIPOLARIDAD Y MULTIPOLARIDAD EN EL CAPITALISMO E IMPERIALISMO

Por Alex A. Chamán Portugal

Latinoamérica, enero 29 de 2026

Introducción

El debate actual referente a la estructura del orden internacional capitalista en su fase imperialista -unipolar, bipolar o multipolar- no es un simple ejercicio descriptivo de relaciones entre Estados, sino una disputa ideológica, filosófica y política sobre la naturaleza del poder global en la compleja etapa actual del capitalismo. Estas categorías y conceptos no pueden entenderse al margen de las leyes del desarrollo social, de la lucha de clases, del imperialismo como fase superior del capitalismo y de las contradicciones estructurales que atraviesan el orden mundial burgués en crisis.

Tras la restauración capitalista en la URSS y su posterior colapso en 1991, se impuso en el pensamiento dominante la tesis de la unipolaridad estadounidense, presentada como un orden necesario, natural y duradero. Sin embargo, tres décadas después, la realidad histórica muestra que dicho globalismo hegemónico no solo fue transitorio, sino que generó las condiciones de su propia crisis. El ascenso de China como potencia económica, tecnológica y estratégica ha reconfigurado la correlación de fuerzas global, dando lugar a una nueva forma de bipolaridad estructural, distinta a la de la Guerra Fría, pero igualmente decisiva en la actualidad, aunque en el escenario capitalista.

Este ensayo sostiene que el orden internacional vigente no es unipolar ni genuinamente multipolar. Predomina una bipolaridad entre el imperialismo estadounidense y China capitalista. Ambas potencias buscan preservar el orden mundial existente y no representan los intereses históricos de los pueblos del mundo ni de la humanidad entera. Esta bipolaridad se inscribe en el poder económico, político y militar, así como en las transformaciones productivas y tecnológicas propias de la IV Revolución Industrial en la era del imperialismo y su muerte inexorable.

1. La agonía del globalismo unipolar estadounidense

La unipolaridad describe una estructura internacional en la que una sola potencia concentra de manera abrumadora el poder económico, financiero, político, militar, tecnológico, jurídico e ideológico, imponiendo arbitrariamente reglas al resto del mundo. Históricamente, esta configuración se consolidó tras el fin de la Guerra Fría, cuando el revisionismo destruyó el socialismo en construcción restaurando el capitalismo en la Unión Soviética y Estados Unidos emergió sin rival estratégico de escala comparable.

Esta unipolaridad no representó estabilidad, sino hegemonía coercitiva del capital financiero transnacional articulado al Estado estadounidense. Harvey (2003) explica que este período estuvo marcado por “acumulación por desposesión”: guerras, privatizaciones, saqueo de recursos y disciplinamiento geopolítico de países dependientes.

Unipolaridad y sobreextensión imperial

La hegemonía del genocida imperialismo estadounidense se apoyó en:

• supremacía política y militar global

• control del sistema financiero internacional

• dominio cultural y manipulación informativa

• manejo vertical de las instituciones multilaterales
• promoción de decadentes valores liberales presentados como universales

Esta orientación no solo responde a intereses económicos, sino a una estrategia de preservación de su terrorífica primacía histórica. La atroz política exterior estadounidense ha buscado evitar el surgimiento de competidores estratégicos capaces de disputar su posición dominante.

Como advierte Amin (2006), esta hegemonía era inherentemente inestable porque profundizaba el desarrollo desigual del capitalismo y generaba resistencias. Las guerras prolongadas, las crisis financieras y el desgaste del depredador neoliberalismo marcaron el inicio del declive relativo del orden unipolar.

2. La bipolaridad histórica y su resignificación actual

La bipolaridad clásica de la Guerra Fría del siglo XX se estructuró en torno a dos polos antagónicos: Estados Unidos (campo capitalista) y la Unión Soviética (campo socialista). Se trató de una confrontación entre sistemas socioeconómicos sumamente opuesos, pero también de un equilibrio que limitó la guerra directa entre grandes potencias. Waltz (1979) señalaba que la bipolaridad reducía errores de cálculo estratégicos.

La bipolaridad como categoría dialéctica

La bipolaridad no es solo distribución de poder, sino unidad de contrarios. Mao Tse-tung (1937/1974) planteó que toda etapa histórica se organiza alrededor de una contradicción principal. Cuando esta se intensifica, el orden existente entra en transformación.

En el actual contexto, la bipolaridad ya no enfrenta capitalismo y socialismo, sino pugnas entre grandes potencias capitalistas que compiten por la hegemonía sin cuestionar el modo de producción dominante que destruye, a decir de Marx, la naturaleza y las fuerzas productivas.

La bipolaridad como expresión de la contradicción entre capitales dominantes

La bipolaridad expresa la lucha entre grandes capitales monopolistas por la hegemonía mundial. Lenin explicó que el imperialismo implica:

• concentración del capital
• dominio del capital financiero
• reparto del mundo entre potencias

Actualmente esta lógica se refleja en una bipolaridad económica:

• Estados Unidos se constituye en el centro del capital financiero, del dólar y de Wall Street.

• China es eje del desarrollo de la tecnología, de la producción material y de las cadenas industriales.

La IV Revolución Industrial profundiza esta contradicción:

• Estados Unidos busca sostener su hegemonía mediante patentes, guerras, sanciones y control financiero.
• China avanza en manufactura avanzada, l iv Revolución Industrial (IA, 5G) y logística global.

3. La multipolaridad y sus límites reales

La multipolaridad alude a varios centros de poder relativamente equilibrados. Aunque China y Rusia la promueven discursivamente, ello no elimina el imperialismo como fase superior y terminal del capitalismo insepulto. Amin (2018) sostiene que solo abre márgenes tácticos, pero no garantiza emancipación.

En la práctica, solo Estados Unidos y China poseen capacidades globales integrales. Rusia tiene peso militar, pero limitado alcance económico, en tanto, la Unión Europea carece de unidad estratégica, y otras potencias son principalmente regionales.

Por consiguiente, hablar de multipolaridad plena resulta analíticamente impreciso, puesto que el escenario muestra más bien una transición hacia una bipolaridad dominante.

En este contexto, puede aseverarse que la dependencia y atraso económico no se presenta como ayuda desinteresada, sino como mecanismos que atan a las naciones oprimidas principalmente a relaciones de subordinación-dominación que facilitan el saqueo de sus recursos y limitan su desarrollo autónomo. La autosuficiencia nacional se convierte en una necesidad para romper esas cadenas de dependencia, empero, las potencias capitalistas y naciones imperialistas se esfuerzan por impedirla.

4. Bipolaridad contemporánea: economía política y poder mundial

La actual bipolaridad entre Estados Unidos y China no se presenta como un enfrentamiento ideológico y político abierto, sino como una disputa estructural entre dos grandes formas de organización del capitalismo. Esta rivalidad expresa el desarrollo desigual del capitalismo mundial, ley ya señalada por Lenin, según la cual el ascenso de nuevas potencias genera tensiones inevitables con aquellas que ejercen la hegemonía previa.

China no emerge como potencia por casualidad, sino como resultado de una estrategia estatal de largo plazo basada en planificación, control de sectores estratégicos y articulación selectiva con el mercado mundial. Estados Unidos, en cambio, representa la fase más financiarizada del capitalismo, en que el poder económico descansa en el capital especulativo y en la capacidad de proyectar fuerza militar y presión política a escala global mediante sus políticas cruentas.

La bipolaridad actual no elimina la competencia entre otras potencias, sin embargo, logra organizar la dinámica central del poder mundial en torno a dos polos capitalistas dominantes.

La bipolaridad y la crisis de legitimidad del orden social

La bipolaridad surge también porque el orden neoliberal unipolar, como expresión del capitalismo, perdió legitimidad histórica.

En Estados Unidos se observa:

• desindustrialización sostenida
• precarización del empleo y mayor empobrecimiento
• fuerte polarización social con políticas fascistas
• debilitamiento del llamado “sueño americano”

En China, en contraste, se evidencia:

• consolidación de un capitalismo de Estado disciplinado
• alto control social sobre el pueblo
• legitimidad apoyada en crecimiento económico, estabilidad y nacionalismo

Así, se configura dos modelos sociales capitalistas contrapuestos:

• uno basado en la decadencia, individualismo extremo y financiarización;
• otro en planificación estratégica, control social y cohesión nacional relativa.

La bipolaridad se mantiene porque la mayor parte de las naciones, así como, millones de personas en el mundo comparan, evalúan y se alinean -consciente o inconscientemente- con uno u otro polo.

5. IV Revolución Industrial y disputa tecnológica

La IV Revolución Industrial constituye hoy uno de los principales escenarios de confrontación. No se trata solo de innovación científico técnica, sino del control de los nuevos medios de producción, vigilancia y dominación digital.

La inteligencia artificial, el big data, la automatización y la biotecnología transforman las relaciones entre capital y trabajo, generando nuevas formas de explotación y control social.

China ha logrado avances importantes en 5G, comercio electrónico, plataformas digitales e inteligencia artificial aplicada. La respuesta estadounidense que consiste en restricciones tecnológicas, bloqueos de chips y sanciones a empresas chinas revela el carácter bipolar de la disputa.

La creciente competencia tecnológica muestra que el poder mundial ya no depende únicamente de armas o finanzas, sino del dominio del conocimiento y la innovación productiva.

6. Guerra cognitiva y disputa por la conciencia social

La confrontación entre potencias capitalistas e imperialistas también se libra en el terreno de las ideas. La guerra cognitiva o ideológica apunta a influir en percepciones, valores y sentidos comunes.

Los grandes medios masivos de información y plataformas digitales funcionan como instrumentos de legitimación del poder burgués. Ramonet (2002) advertía que la concentración mediática permite moldear la opinión pública y construir enemigos funcionales a determinados intereses. Así, se manipula, doméstica y controla a poblaciones enteras para convertirlas en rebaños reproductores del cruel sistema capitalista.

La lucha ideológica es inseparable de la lucha política; por ello, resulta vital asumir como una necesidad imperiosa la forja de la conciencia de clase mediante el impulso sostenido del trabajo ideológico en las masas populares.

7. Crisis del derecho internacional burgués y retorno del darwinismo social

El derecho internacional no es neutral en una sociedad escindida en clases sociales contrapuestas, así, refleja los intereses de cada clase social y las correlaciones de fuerza.

La bipolaridad se intensifica porque:

• Estados Unido aplica siniestras sanciones, abyectos bloqueos y acciones militares terroristas al margen de normas internacionales.

• China defiende la legalidad internacional burguesa cuando coincide con sus intereses estratégicos.

El resultado observable es:

• precarización y desprestigio del derecho internacional liberal,
• reemplazo por reglas basadas en poder real imperialista,
• uso selectivo de injustas sanciones y tribunales cipayos.

Desde una mirada jurídica crítica, la bipolaridad expresa la crisis del orden legal burgués global.

El sistema capitalista y su etapa imperialista se sostiene en gran medida de la explotación de los países dependientes. Su fortaleza aparente oculta fragilidades profundas, puesto que necesita saquear recursos ajenos para mantenerse. Romper esa relación de subordinación no es solo una decisión política, sino una condición para que los pueblos construyan economías soberanas y desarrollen ciencia y tecnología propias.

La evidencia económica, social, política, tecnológica e ideológica muestra que la bipolaridad Estados Unidos – China organiza hoy la estructura principal del poder capitalista mundial. No se trata de una guerra fría tradicional, sino de una competencia prolongada que abarca reparto del mundo, apropiación de mercados, saqueos de recursos naturales estratégicos, producción, finanzas, tecnología, comunicación y legitimidad social.

Otros actores participan, pero no alteran la contradicción principal.

8. Implicancias históricas de la bipolaridad para los pueblos

La configuración bipolar actual no debe interpretarse como una alternativa favorable para la humanidad, las naciones oprimidas y los pueblos. La disputa entre Estados Unidos y China no representa un enfrentamiento entre proyectos emancipadores, sino entre grandes potencias que buscan preservar mezquinas posiciones de poder dentro del capitalismo mundial.

Ambos polos participan, con estilos distintos, en dinámicas de acumulación capitalista, competencia por apoderarse de recursos estratégicos y expansión de influencia económica, política y tecnológica. Así, la bipolaridad actual no implica el fin del imperialismo, sino su reconfiguración en el marco de la III Guerra Mundial en ciernes.

Para los países dependientes y atrasados, esta situación abre márgenes de maniobra, pero también riesgos de nuevas formas de dominación y sometimiento. La historia muestra que las potencias buscan aliados no por solidaridad, sino por interés.

9. La ilusión de la multipolaridad armoniosa

En ciertos discursos se presenta la multipolaridad como un escenario más democrático, pluralista y equilibrado. Sin embargo, la experiencia histórica enseña que la coexistencia de varias potencias no elimina la competencia por mercados, recursos y zonas de influencia.

La multipolaridad puede reducir la hegemonía absoluta de una sola potencia, sin embargo, no suprime la lógica expoliadora del capital ni la desigualdad internacional. Pensar que varios polos garantizan justicia global equivale a confundir redistribución del poder entre explotadores y opresores con la emancipación de los pueblos.

Consiguientemente, la multipolaridad debe analizarse con cautela, evitando subjetivismos.

10. Transformaciones del poder en el siglo XXI

El poder mundial actual en el viejo orden capitalista combina:

• control económico y financiero
• dominio científico y tecnológico
• influencia y manipulación mediática
• capacidad militar y políticas genocidas
• manejo de datos y maniobra de plataformas digitales

La IV Revolución Industrial se caracteriza porque ha convertido el conocimiento y la información en recursos estratégicos. La disputa por semiconductores, inteligencia artificial y redes digitales deja en evidencia que el poder ya no se define solo por territorios, sino por infraestructura tecnológica.

En este contexto, la soberanía educativa, científica y tecnológica adquiere importancia decisiva para cualquier proyecto integral y estratégico de desarrollo nacional.

11. Perspectiva crítica y tarea de los pueblos

Comprender la bipolaridad no implica tomar partido automático por una u otra potencia imperialista, sino analizar con claridad las contradicciones que encierra el capitalismo global.

Ante el avasallamiento de imperialista, los pueblos del mundo enfrentan el desafío de fortalecer soberanía económica, capacidad productiva propia y autonomía política. La dependencia prolongada limita e impide cualquier proyecto de desarrollo real.

La historia de la humanidad demuestra que las grandes transformaciones no provienen de disputas entre potencias, sino de genuinos procesos sociales internos, férrea organización popular y construcción de proyectos emancipatorios conducentes a una sociedad superior.

Conclusión general

El caduco orden internacional contemporáneo atraviesa una transición marcada por el declive relativo de la unipolaridad estadounidense y la emergencia de una bipolaridad entre Estados Unidos y China. Esta bipolaridad no replica la Guerra Fría, pero estructura la competencia central del poder mundial.

La multipolaridad, aunque presente como tendencia, aún no configura un equilibrio global estable. La realidad muestra que solamente dos polos poseen hoy capacidad integral de influencia planetaria.

Comprender esta situación permite analizar con mayor realismo las dinámicas internacionales, evitando lecturas simplistas o expectativas idealizadas.

El escenario global seguirá siendo inestable mientras persistan las contradicciones propias del capitalismo mundial y su fase imperialista. En ese marco, la tarea de los pueblos consiste en fortalecer soberanía, pensamiento crítico y capacidad de decisión propia.

Los pueblos no necesitan del rapaz imperialismo; es el imperialismo el que necesita de la sangre de los pueblos para sobrevivir. La supuesta ‘ayuda’ o ‘inversión’ no es más que una cadena de hierro para succionar las riquezas de las naciones oprimidas y mantenerlas en el atraso.

Referencias bibliográficas

Amin, S. (2006). Más allá del capitalismo senil: Por un siglo XXI no estadounidense. Barcelona: El Viejo Topo.

Amin, S. (2018). El imperialismo contemporáneo. Barcelona: El Viejo Topo.

Arrighi, G. (2007). Adam Smith en Pekín: Orígenes y fundamentos del siglo XXI. Madrid: Akal.

Harvey, D. (2003). El nuevo imperialismo. Madrid: Akal.

Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo. Madrid: Akal.

Hobsbawm, E. (1998). Historia del siglo XX. Barcelona: Crítica.

Guzmán Reynoso, A. (1988/2006). Entrevista del siglo (concedida a El Diario). Lima: Ediciones Bandera Roja.

Lenin, V. I. (2009). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Madrid: Fundación Federico Engels. (Obra original publicada en 1916).

Mao Tse-tung. (1974). Sobre la contradicción. Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras.
(Trabajo original de 1937).

Ramonet, I. (2002). La tiranía de la comunicación. Madrid: Debate.

Schwab, K. (2016). La cuarta revolución industrial. Barcelona: Debate.

Waltz, K. N. (1988). Teoría de la política internacional. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.

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