8 DE MARZO: DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER OBRERA Y POPULAR

Las luchas de las mujeres venezolanas en la construcción de la Patria Bolivariana

Por: Alex A. Chamán Portugal

Cada 8 de marzo los pueblos del mundo conmemoran el Día Internacional de la Mujer trabajadora, una fecha memorable que nació de las ejemplares luchas obreras y del sacrificio de mujeres dignas que enfrentaron la feroz explotación capitalista en fábricas y talleres. No es una celebración comercial, sino una jornada de memoria, reflexión, reafirmación y combate por la igualdad, la justicia social, la dignidad de las mujeres y por una sociedad superior.

A lo largo de la historia de la humanidad, las mujeres venezolanas han estado presentes en las grandes luchas por la libertad y la soberanía nacional. En el contexto de la guerra de independencia contra el imperio español participaron activamente como combatientes, mensajeras, organizadoras y defensoras de la causa libertaria. Mujeres como Josefa Joaquina Sánchez, Luisa Cáceres de Arismendi, Josefa Camejo y Juana “La Avanzadora” quienes desafiaron tanto al colonialismo como a las estructuras patriarcales que intentaban relegarlas al ámbito doméstico. Su participación resuelta y decisiva demostró que la lucha por la liberación nacional y la emnacipación de las mujeres han estado históricamente unidas.

En el siglo XX –era del imperialismo y de dos guerras mundiales de rapiña- esta tradición de lucha continuó con la organización de las mujeres trabajadoras. Tras la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en 1935, comenzaron a surgir movimientos femeninos que exigieron importantes derechos laborales como la igualdad salarial, y derechos políticos como la protección social y la participación política. De esas luchas surgieron figuras emblemáticas como Eumelia Hernández, dirigente obrera y militante revolucionaria que enfrentó persecuciones y cárcel con torturas durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

La conquista del sufragio femenino en 1946, tras la finalización de la II Guerra Mundial, fue uno de los hitos más importantes del movimiento de mujeres venezolanas, resultado de décadas de organización, movilización, educación política y formación ideológica. Desde entonces, las mujeres han sido protagonistas de la vida política y social del país.

Un nuevo momento histórico, económico, social y político se transformó con la llegada de la Revolución Bolivariana encabezada por el comandante Hugo Chávez, que incorporó la lucha por los derechos de las mujeres como parte esencial del proyecto de transformación social. Precisamente, la Constitución de 1999 consagró avances fundamentales en materia de igualdad, protección social y reconocimiento del trabajo doméstico. En el marco de referido proceso político, las mujeres alcanzaron una participación sin precedentes en las instituciones del Estado y en la vida pública del país.

El propio Hugo Chávez sostuvo que la verdadera liberación de los pueblos está ligada a la liberación de las mujeres, y que el socialismo debía caracterizarse por ser también profundamente feminista. Este enfoque impulsó políticas públicas orientadas a la igualdad, la participación política y el reconocimiento del papel de las mujeres en la construcción de una sociedad superior que se distinga por ser más justa e igualitaria.

En esta coyuntura de avances sociales y participación popular, Venezuela Bolivariana ha debido enfrentar también fuertes agresiones externas. El 03 de enero de 2026 el país sufrió una grave acción militar impulsada por el genocida y decadente imperialismo estadounidense que violó abiertamente el derecho internacional y la soberanía nacional. Durante esa agresión fueron asesinados cerca de dos centenares de ciudadanos venezolanos y cubanos, en un ataque que provocó profundo dolor y repudio en amplios sectores de la comunidad internacional.

En el marco de esa abominable operación injerencista, el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, la dirigente revolucionaria Cilia Flores, fueron secuestrados por fuerzas vinculadas a esa terrorista intervención extranjera. Este hecho representa una grave violación del derecho internacional, un atentado contra la soberanía del pueblo venezolano y un acto de injerencia que busca imponer en el país un gobierno subordinado a intereses externos y a políticas contrarias a la autodeterminación nacional y los derechos del pueblo.

La persistente agresión contra Venezuela no constituye únicamente un ataque contra un gobierno legítimamente constituido, sino contra el derecho primordial de los pueblos a decidir soberanamente su propio destino. Se trata de una nueva manifestación de la histórica política intervencionista del imperialismo estadounidense en América Latina, orientada a controlar y saquear recursos estratégicos, debilitar proyectos políticos soberanos y frenar los procesos de integración regional que buscan construir una América Latina digna y soberana.

En la actualidad, la vieja y nefasta Doctrina Monroe —“América para los americanos”— reaparece con renovada intensidad y servilismo de Gobiernos vasallos. Esta concepción de dominación imperialista, que históricamente ha servido para justificar intervenciones, golpes de Estado, masacres y genocidios, bloqueos económicos en la región y muchas otras atrocidades vuelve a ser utilizada para reafirmar la hegemonía estadounidense sobre el continente. La reciente cumbre denominada “Escudo de las Américas”, impulsada por el pedófilo y guerrerista Donald Trump, se inscribe precisamente en esa lógica de dominación hemisférica, al promover una reaccionaria coalición política y militar de gobiernos neoliberales alineados con los perversos intereses estratégicos de Estados Unidos.

Lejos de representar una iniciativa genuina para enfrentar los problemas de la región, esta alianza del imperialismo y sus Gobiernos lacayos procura consolidar un bloque subordinado al depredador capital transnacional y a los intereses del cartel de las barras y las estrellas. Bajo el pretexto de combatir el narcotráfico y gestionar la migración, se impulsa una siniestra agenda de militarización regional, mientras se criminaliza a millones de trabajadores desplazados por las profundas desigualdades que el propio modelo capitalista produce y pretende eternizar.

El resultado de esta política es la profundización de la condición de sometimiento, dependencia y opresión de las naciones latinoamericanas, reducidas a espacios subordinados dentro de la arquitectura del poder imperialista. Desde esa lógica de dominación, nuestros países son convertidos en territorios destinados a garantizar el despojo sistemático de sus recursos humanos, la superexplotación de sus pueblos y la preservación de la hegemonía económica, política y militar de Estados Unidos en Latinoamérica. Frente a este adverso panorama, la defensa de la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y la integración de la patria grande se convierte en una tarea histórica impostergable para quienes luchan por una América Latina verdaderamente libre, justa y soberana.

En el marco de estas circunstancias, las mujeres venezolanas continúan desempeñando un papel protagónico en la defensa de la soberanía, la organización popular y la construcción de un país más justo. Desde las comunidades, los espacios de trabajo, las organizaciones populares y las instituciones públicas, millones de mujeres siguen participando activamente en la vida política y social del país.

La historia demuestra que cuando los pueblos enfrentan injustas agresiones externas, la unidad y la organización se convierten en la principal fortaleza para defender la independencia y la dignidad nacional. Las mujeres venezolanas han demostrado a lo largo de la historia que son protagonistas de esa resistencia.

En este 8 de marzo reafirmamos el compromiso con la lucha por la justicia social, la igualdad y la soberanía de los pueblos. Recordamos a las mujeres que a lo largo de la historia han luchado por sus derechos laborales, sus libertades demoliberales, por lo que rendimos homenaje a quienes hoy continúan defendiendo la dignidad y la independencia de Venezuela Bolivariana.

La lucha de las mujeres trabajadoras no puede separarse de la lucha de los pueblos por la soberanía, la justicia social y la autodeterminación. Hoy más que nunca, frente a la agresión imperialista y a las nuevas formas de dominación global capitalista, se hace imprescindible fortalecer la unidad de los pueblos, la organización popular y la solidaridad internacionalista para avanzar hacia una sociedad superior que nos encamine a la armonía y libertad.

¡Contra el capitalismo y el imperialismo, unidad y lucha de los pueblos!

¡Ni dominación imperialista ni explotación capitalista: justicia y dignidad para los pueblos!

¡Mujeres, unidas en la lucha por la emancipación social y la autodeterminación de los pueblos!

Latinoamérica, 8 de marzo de 2026

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