Por: Richard González

Han pasado ya siete días de guerra entre EE. UU.-Israel contra Irán, y de forma acelerada está cambiando la escena mundial en diferentes frentes.
La intensa confrontación bélica existencial ya se ha regionalizado, extendiéndose dicha guerra a Catar, Emiratos Árabes, Arabia Saudita y Dubái. Pero lo más trascendente es cómo está a punto de derrumbar las inversiones árabes en EE. UU. como consecuencia de este conflicto, a la vez que los propios socios del imperialismo yanqui en Medio Oriente exigen que se detenga esta guerra, dadas las inmensas pérdidas y riesgos en la zona.
Se estaría discutiendo ya retirarse de los contratos con EE. UU. y cancelar futuros compromisos de inversión para poder aliviar, en parte, la tensión impuesta por el conflicto.
Mientras escasean los alimentos frescos, dado que el 80% de estos se importan, el cierre del estrecho de Ormuz es una bomba atómica mundial que tendrá graves consecuencias para la economía del mundo.
Por lo pronto, se desliza que China tendría 10 días de reserva de petróleo, dada la crisis de desabastecimiento por el cierre de dicho estrecho marítimo.
Los países del Golfo están pidiendo una salida diplomática, pero Inglaterra dice «no», al igual que EE. UU., ante la negativa de «conversaciones» rechazada por el país persa, mientras la guerra escala y escala peligrosamente.
Ya el diario The Economist sostiene que «cuanto más dure la guerra, mayores serán las consecuencias para la economía global».
El sionista Trump y su camarilla pensaron que, con los ataques de decapitación, se generaría el caos, lo que, como consecuencia, internamente haría levantar a los contras del nacionalismo iraní, cosa que no ha ocurrido, sino todo lo contrario.
Mientras, India regresa a los mercados rusos dada la guerra en Medio Oriente y obliga a flexibilizar las sanciones a Rusia, lo que permite una exención temporal de 30 días que autoriza a las refinerías indias comprar crudo ruso, según Euronews.
Japón depende del 90% del crudo del Golfo; es el más perjudicado, dada su dependencia energética. Es decir, la profundización de la crisis mundial, la inflación producto del alza del costo de los combustibles, ya es un hecho que golpea principalmente a las masas populares.
Tal es la profundidad y gravedad del asunto, que Europa, particularmente Alemania, muy a pesar de todo el proceso de rearme para la confrontación directa con Rusia, hoy negocia con Rusia para que les siga abasteciendo de crudo y gas, y Rusia comienza a dar prioridad y a abrir mercado en otras zonas, por los mismos hechos del guerrerismo de este continente.
Está claro que en dicho conflicto están involucrados Rusia y China, en salvaguarda de su socio estratégico que es Irán, de múltiples formas. Es lo más natural que eso pase, pero ante el hecho de seguir escalando, ¿podría acaso llegarse a una solución final, ante el desespero del imperialismo yanqui, y lanzar un ataque nuclear al país persa? Eso está en cuestión, está en riesgo, hecho que encendería una conflagración mundial nuclear sin precedentes.
Son estos los riesgos que enfrenta la humanidad en estos momentos y por los que nadie debe estar inactivo o tranquilo, acostado en su cama esperando el fatal destino. Además, ¿cómo paran a este pueblo iraní de tanta humillación, perversidad, abuso y muerte, cuando la razón está de parte de ellos, como parte de los pueblos del mundo agredidos tantas veces y que con justicia se defienden con tanta ira contenida por décadas?
El enemigo de los pueblos del mundo, en su crisis civilizatoria, no quiere morirse solo, sino que pretende llevarse a toda la humanidad, por lo que a los pueblos nos corresponde levantarnos con todos los medios para impedir tan monstruoso sueño.
06/03/2026


