LA RECONFIGURACIÓN DE MEDIO ORIENTE

Richard González

El despliegue militar aparentemente apabullante de EE. UU. en Medio Oriente, con la finalidad de “derrocar al régimen de los ayatolás”, enemigo jurado del sionismo israelí, postura asumida por el trumpismo para “concretar el Gran Israel”, hoy presenta visos de una gran derrota estratégica.

Si bien es cierto que las tácticas pueden ganar batallas —como el asesinato de un líder iraní y otros altos mandos, además del sostenido bombardeo contra el pueblo persa—, no ganan necesariamente la guerra.

La táctica israelí–yanqui consistía en un bombardeo decapitador continuo contra el mando iraní y su consecuente rendición. Sin embargo, ello no está ocurriendo; por el contrario, se ha producido una sucesión en la dirección y el mando, acompañada de un ataque sostenido cuya estrategia apunta a empantanar y expulsar a EE. UU. de Medio Oriente. Esa es la razón de la regionalización del conflicto.

Como podemos observar, ya no se trata únicamente de EE. UU.–Israel versus Irán; los blancos estratégicamente seleccionados por el ataque iraní son las bases militares ubicadas en distintos países satélites, lo cual ha derivado en una guerra de carácter regional.

Los cálculos subjetivos del Pentágono y la subestimación del oponente han generado un elevado costo bélico. Basta mencionar el impacto contra el radar más costoso de la región al servicio del imperialismo y el sionismo, los aviones de combate —se habla de tres o cuatro—, las bases militares afectadas, los costos humanos que el autodenominado “gendarme del mundo” intenta ocultar, los ataques a embajadas, entre otros hechos.

Estas acciones han conducido a un repliegue y al llamado a conversaciones, iniciativa que recibió un rotundo rechazo por parte de Irán.

Rusia y China se mantienen a la expectativa, respaldando la resistencia del pueblo persa. El incumplimiento de los objetivos trazados por el imperialismo yanqui ha traído consecuencias imprevistas, como el eventual cierre del estrecho de Ormuz, hecho que constituye una verdadera bomba económica mientras el conflicto se prolongue.

Para el sionismo y para EE. UU., el costo no es solo económico, sino también político: la creciente pérdida de credibilidad y confianza incluso entre sus propios “aliados”. Véanse los casos de España, Portugal y las dudas emergentes en Japón. ¿Qué garantías reales de seguridad representa hoy EE. UU.?

Una guerra prolongada podría implicar, como consecuencia estratégica, la expulsión de EE. UU. de Medio Oriente, escenario que Irán parece apostar a consolidar. En ese sentido, aunque la ofensiva ha golpeado con dureza al pueblo iraní, desde una perspectiva estratégica la disuasión ya evidenciaría signos de fracaso.

Otro aspecto relevante es que, tanto en Medio Oriente como en el mundo, las acciones imperialistas han movilizado a amplios sectores sociales en su contra, reavivando con mayor determinación el antiimperialismo, fenómeno que tendrá consecuencias a futuro.

La propia India, a raíz de los acontecimientos en Medio Oriente, profundiza su alineamiento estratégico con los BRICS. ¿No es este un signo del agotamiento del imperialismo? ¿Tiene perspectiva de continuidad el proyecto del “Gran Israel” e incluso la propia existencia de Israel en los términos actuales?

El viejo mundo puede estar llegando a su fin, sí, pero teñido de sangre. Se impondrán nuevas reglas, y estas, al menos en el corto y mediano plazo, podrían provenir de Asia y Medio Oriente.

Los pueblos necesitan prepararse para el entierro de una civilización y el surgimiento de otra, proceso que demandará grandes esfuerzos y sacrificios. En ese contexto, la organización de la pobreza resulta clave para convertirla en poder transformador y así concretar un nuevo mundo de los explotados y oprimidos.

03/2026

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