PRAXIS REVOLUCIONARIA Y VIGENCIA DE MARX

A 208 años de su natalicio, en la Era del Imperialismo y la IV Revolución Industrial.

“La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.”
— Karl Marx

Por: Alex A. Chamán Portugal

A 208 años del natalicio de Carlos Marx, su pensamiento continúa estremeciendo las decadentes bases ideológicas del capitalismo y su fase imperialista. No se trata únicamente de recordar al gran filósofo, economista, politólogo y sociólogo alemán, sino de reivindicar al revolucionario que colocó su vida, inteligencia y obra al servicio del proletariado internacional y pueblos del mundo. Marx no fue un académico encerrado entre libros ni un simple crítico del orden burgués; fue un gran combatiente político que convirtió la teoría en arma de lucha y la investigación científica en instrumento para la emancipación de la humanidad.

Marx constituye el primer gran maestro del proletariado internacional. Su aporte no radica solamente en haber interpretado científicamente la sociedad capitalista, sino en haber demostrado que las contradicciones de clase social conducen inevitablemente a la necesidad histórica de la revolución proletaria y la construcción del socialismo como transición hacia el comunismo.

La praxis revolucionaria de Marx

La vida de Marx estuvo marcada por la estigmatización, hostigamiento, persecución política, el exilio, la pobreza y la vigilancia permanente de los aparatos represivos europeos. Sin embargo, jamás abandonó la lucha revolucionaria. Su existencia misma fue un formidable ejemplo y expresión de praxis revolucionaria, o sea, unidad entre teoría y práctica transformadora.

Junto al gran Federico Engels, organizó políticamente al proletariado, impulsó la Liga de los Comunistas y redactó en 1848 El Manifiesto del Partido Comunista, texto que sigue siendo una de las obras políticas más influyentes y vigentes de la historia. Allí se sintetiza el carácter histórico y transitorio del capitalismo, así como el papel revolucionario del proletariado como sepulturero del caduco orden burgués.

La praxis marxista no fue contemplativa ni reformista. Marx comprendió que la burguesía, en tanto clase explotadora y opresora, jamás entregaría voluntariamente su poder económico y político. Por ello, la lucha de clases aparece como motor de la historia y la revolución como necesidad histórica para destruir las estructuras de explotación.

Las Tres Fuentes y Partes Integrantes del Marxismo

Vladimir Lenin, gran maestro del proletariado y dirigente de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, explicó magistralmente que el marxismo surge de tres grandes fuentes del pensamiento humano, elevadas a una síntesis científica revolucionaria:

1. La filosofía clásica alemana

Particularmente la dialéctica de Georg Wilhelm Friedrich Hegel y el materialismo de Ludwig Feuerbach. Marx revolucionó la dialéctica hegeliana, arrancándola de su idealismo y colocándola sobre bases materialistas. Así surgió el materialismo dialéctico que es la comprensión científica de la realidad como movimiento, contradicción y transformación permanente.

Posteriormente desarrolló el materialismo histórico, demostrando que la historia humana no avanza por voluntad divina ni por ideas abstractas, sino por las contradicciones materiales derivadas de los modos de producción y de la lucha entre clases sociales. Se establece una serie de leyes sociales como la gran ley de la lucha de clases (económica, ideológica y política).

2. La economía política inglesa

A partir de los estudios de Adam Smith y David Ricardo, Marx reveló el mecanismo central de explotación capitalista a través de la plusvalía. En El Capital demostró fehacientemente que la riqueza burguesa proviene de la apropiación del trabajo no pagado del proletariado.

Esta crítica científica destruyó el mito burgués de que el capitalismo se sostiene sobre el mérito individual y reveló que la acumulación capitalista descansa sobre explotación, despojo y violencia estructural.

3. El socialismo francés

Marx recogió críticamente las experiencias y propuestas de los socialistas utópicos como Henri de Saint-Simon, Charles Fourier y Robert Owen, logrando superar sus limitaciones idealistas al convertir el socialismo en ciencia revolucionaria basada en la lucha de clases y en el papel histórico del proletariado.

Estas tres fuentes dieron origen al marxismo como ideología científica y transformadora del proletariado, posteriormente desarrollada por Lenin en la etapa imperialista del capitalismo y elevada por Mao Tse-tung mediante la guerra popular, la revolución cultural proletaria y la continuación de la lucha de clases bajo el socialismo.

“El ser social determina la conciencia social”

Una de las tesis más profundas de Marx sostiene que no es la conciencia la que determina la vida, sino la vida social es la que determina la conciencia. Esta formulación conserva plena vigencia en la actualidad.

Las condiciones materiales de existencia moldean ideas, valores, comportamientos y aspiraciones. El capitalismo no solo explota económicamente; también coloniza subjetividades. La lógica del depredador mercado penetra la cultura, la educación, la política, las relaciones humanas y hasta la propia militancia revolucionaria.

Por eso, incluso sectores populares y antiguos revolucionarios terminan aburguesándose. Muchos comienzan luchando contra el sistema y terminan defendiendo el statu quo, seducidos por privilegios, consumo, individualismo y reconocimiento institucional. La burguesía comprende perfectamente que dominar no significa únicamente controlar fábricas o bancos, sino también dirigir la conciencia social mediante sus medios masivos de manipulación, plataformas digitales, redes sociales, entretenimiento y aparatos educativos.

La pequeña burguesía, en tanto clases social oscilante y oportunista, suele caer fácilmente en esa adaptación al sistema. Bajo el imperialismo, abundan ex revolucionarios convertidos en administradores del viejo orden dominante, defensores de la conciliación de clases, propagandistas del posibilismo liberal y verdugos de revolucionarios consecuentes.

El capitalismo nace chorreando sangre y lodo

En su obra El Capital, Marx señaló que “el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros”. Esta frase sintetiza la violencia originaria sobre la cual se edificó el capitalismo.

La acumulación originaria del capital no fue producto del ahorro ni del esfuerzo empresarial, como sostiene erróneamente la ideología burguesa. Nació mediante una feroz conquista acompañada de exterminio, saqueo colonial, esclavitud, genocidio indígena y expropiación campesina. América Latina, África y Asia fueron escenarios singulares de ese proceso histórico criminal.

Hoy, en la llamada IV Revolución Industrial, aquella lógica adquiere nuevas formas. El capitalismo e imperialismo tecnológico concentra datos, inteligencia artificial, recursos estratégicos, plataformas digitales y redes sociales bajo control de grandes corporaciones transnacionales que representan a las clases dominantes. El saqueo continúa a través de la minería depredadora, privatización del conocimiento, instrumentalización de la ciencia y tecnología, control algorítmico, tráfico humano, precarización laboral global, manipulación mediática, etc.

El trabajador actual no solo vende su fuerza física; también entrega información, atención, emociones y tiempo bajo nuevas modalidades de explotación digital. Mientras tanto, miles de millones de seres humanos sobreviven en condiciones miserables pese al enorme desarrollo tecnológico alcanzado por la humanidad.

Capitalismo, destrucción de fuerzas productivas y devastación de la naturaleza

Marx advirtió que el sistema capitalista desarrolla las fuerzas productivas de manera extraordinaria, pero al mismo tiempo las destruye violentamente debido a sus propias contradicciones y su avaricia compulsiva.

Hoy esa afirmación adquiere dimensiones dramáticas, puesto que el capitalismo y su etapa imperialista destruye bosques, contamina ríos y océanos, extingue especies y acelera el colapso climático con tal de mantener la insultante acumulación de ganancias. La naturaleza se convierte en mercancía y objeto de depredación ilimitada.

Pero también destruye fuerzas productivas humanas, ya que millones de trabajadores son descartados por automatización, desempleo estructural, guerras imperialistas y crisis económicas recurrentes. La tecnología, que podría liberar al ser humano del trabajo alienado, es utilizada para intensificar explotación, vigilancia y control social.

La IV Revolución Industrial no ha significado bienestar universal, sino mayor concentración monopólica, nuevas formas de dominación imperialista y alienación-domesticación del ser humano.

Transformar el mundo en tiempos de guerra ideológica-cognitiva

Cuando Marx afirmó que “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, estableció una ruptura radical con la filosofía contemplativa funcional a la preservación del orden social establecido.

En la actualidad, esa tesis posee gigantesca importancia frente a la guerra ideológica, cognitiva y cultural desplegada por el capitalismo e imperialismo. El capitalismo produce diariamente desinformación, manipulación emocional y alienación digital. Grandes corporaciones tecnológicas moldean percepciones colectivas, imponen agendas y convierten la cultura en mercancía.

La lucha revolucionaria del siglo XXI exige disputar prioritariamente el terreno de la conciencia. No basta denunciar injusticias; es necesario construir pensamiento crítico y propositivo, organización popular y proyecto histórico proletario frente al dominio ideológico burgués.

La batalla cultural no puede separarse de la lucha de clases, ya que quien controla la conciencia social posee una poderosa herramienta de dominación política.

Marxismo, leninismo y maoísmo

El marxismo no quedó congelado en el siglo XIX. Vladimir Lenin desarrolló el marxismo en la época del imperialismo y las revoluciones proletarias, demostrando que el capitalismo había entrado en su fase monopolista y parasitaria. La Revolución de Octubre confirmó que el proletariado podía conquistar el poder político.

Posteriormente, Mao Tse-tung elevó el marxismo-leninismo mediante la experiencia de la revolución socialista china, la guerra popular prolongada y la comprensión de que la lucha de clases continúa bajo el socialismo.

Así, el marxismo-leninismo-maoísmo constituye hoy la ideología científica más avanzada del proletariado internacional, porque no solo explica las contradicciones del capitalismo, sino que plantea una estrategia revolucionaria para destruirlo y construir una sociedad superior.

Conclusión

A 208 años del nacimiento de Marx, su pensamiento y obra conserva plena vigencia porque el capitalismo sigue basado en explotación, opresión, desigualdad, guerras injustas, masacres, saqueo, etc. La concentración obscena de riqueza, el perverso dominio imperialista, la vergonzosa destrucción ambiental y la manipulación ideológica confirman la profundidad de sus análisis.

Marx no pertenece al pasado. Vive en cada lucha obrera, campesina y popular; en cada resistencia frente al capitalismo e imperialismo; en cada esfuerzo por construir una sociedad sin explotadores ni explotados.

Su legado no debe reducirse a homenajes académicos ni a citas descontextualizadas. Recordar a Marx implica asumir críticamente su praxis revolucionaria, comprender científicamente las contradicciones del presente y luchar por transformar radicalmente la realidad.

Porque mientras exista explotación, opresión e injusticias estructurales, el marxismo seguirá siendo bandera de combate histórico del proletariado internacional.

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