¿POR QUÉ EL FUJIMONTESINISMO REEDITADO 2.0 CONTINÚA SIENDO UNA MAFIA POLÍTICA QUE AMENAZA AL PERÚ?

(Primera Parte)

Por: Alex A. Chamán Portugal

Origen, continuidad y captura del poder

Referirse a la mafia fujimontesinista en el Perú no es referirse a un episodio del pasado, puesto que no es historia cerrada ni capítulo superado. Es, más bien, enfrentarse a una avezada estructura viva de poder, que ha sabido mutar, reciclarse y adaptarse para seguir operando en el corazón mismo del caduco Estado. Lo que ayer fue dictadura reaccionaria abierta, hoy se presenta con ropaje democrático; lo que antes fue maquinaria represiva directa, ahora se ejerce a través del control institucional, ya que ha logrado asaltar todos los poderes e instituciones estatales, por consiguiente, ejerce eficazmente la manipulación política y la captura descarada de la legalidad.

Esa continuidad gansteril no es casual, pues tiene nombres, tiene métodos siniestros y tiene objetivos perversos contra la nación y las mayorías populares. Y en el centro de esta reconfiguración aparece la figura de Keiko Fujimori, lideresa de una organización criminal, heredera de la depravada dupla Fujimori-Montesinos, por tanto, de una forma de hacer política neoliberal que arrastra consigo uno de los legados más tenebrosos de la historia republicana del Perú.

Una matriz de origen: crimen, corrupción y autoritarismo

Para comprender el presente, resulta imprescindible mirar de frente ese pasado igualmente desastroso. El régimen encabezado por el genocida Alberto Fujimori y operado en las sombras por el agente de la CIA Vladimiro Montesinos no fue simplemente un gobierno marcado por errores o excesos. Fue, en esencia, la edificación de un sistema organizado de poder mafioso que, además de encarnar a la lumpen burguesía peruana y a sus esbirros, actuó como instrumento de los intereses del imperialismo estadounidense y de las empresas transnacionales depredadoras.

Las pruebas son abrumadoras y no admiten relativización:

  • Las masacres de Barrios Altos y de la universidad La Cantuta, ejecutadas por el grupo Colina de las Fuerzas Armadas, constituyen crímenes de lesa humanidad.
  • La política de esterilizaciones forzadas contra cientos de miles de mujeres, especialmente campesinas e indígenas, reduciendo sus cuerpos a instrumentos de una lógica de control social.
  • El autogolpe de 1992 quebró el orden democrático liberal, subordinando el Congreso, el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas y Policiales, así como, los organismos de control a la voluntad de los golpistas fujimontesinistas.
  • La corrupción generalizada y negociados de todo tipo no fueron un fenómeno aislado, sino una práctica estructural que se expresó en compra de congresistas, manipulación de jueces, sometimiento de medios masivos de manipulación, colaboración de arzobispos, etc.  

Los denominados “vladivideos” no solo evidenciaron actos de corrupción, sino también revelaron la existencia de una maquinaria mafiosa que se apoderó de todo el aparato estatal, en que el Estado dejó de ser un instrumento público para convertirse en botín disputado por organizaciones criminales.

De la dictadura reaccionaria al parlamentarismo mafioso

Quienes pensaron que la caída del régimen mafioso en el año 2000 significaba el fin del fujimontesinismo subestimaron su capacidad de recomposición, ya que, lejos de desaparecer, esta estructura delincuencial encontró nuevas formas de reproducción.

En su versión actual, el fujimontesinismo ha trasladado su eje de acción hacia el repudiado Congreso, el putrefacto sistema judicial y los mercenarios espacios de poder mediático. A diferencia de los noventa ya no necesita tanques en las calles; le basta con delictivas mayorías parlamentarias, operadores judiciales pro crimen y millonarias campañas de desinformación.

Durante el periodo 2016–2019, con control absoluto del Congreso Unicameral, la mafia neoliberal bloqueó, confrontó y desestabilizó, o sea, ejerció su poder mediante la censura sistemática de ministros, el sabotaje a reformas anticorrupción y la confrontación permanente con el Ejecutivo. Ojo que no fueron errores políticos, sino parte de una estrategia orientada a vaciar de contenido la gobernabilidad burguesa para controlar el poder hegemónicamente y desatar su nefasto accionar.

El resultado fue una crisis institucional que culminó en la disolución del repudiado Congreso. Se trataba de la recaptura del Estado y sus instituciones.

Keiko Fujimori y la construcción del pacto mafioso

La figura de la despreciable Keiko Fujimori no representa una renovación, sino una continuidad directa del modelo fujimontesinista. Las investigaciones fiscales no dejan lugar a dudas acerca de la gravedad de las acusaciones:

  • Liderazgo de una organización criminal vinculada al lavado de activos y otros.
  • Financiamiento ilegal de campañas electorales (2011 y 2016) por lumpen empresarios, incluyendo aportes ocultos del caso Odebrecht, etc.
  • Estrategias tramposas de obstrucción a la justicia valiéndose de manipulación de testigos, ocultamiento de información, interferencia en procesos judiciales, etc.

No se trata de errores individuales, menos de hechos aislados. Se trata de un patrón en que se prostituye la política para convertirla en politiquería y fabricar mecanismos de encubrimiento y reproducción de redes criminales. A esto se suma la negativa persistente y descarada a deslindar claramente del pasado mafioso. La relativización del terrorismo de Estado a través de genocidios, masacres, esterilizaciones, persecuciones, encarcelamientos, torturas, violaciones, descuartizamientos, incineraciones de los años noventa no es solo una postura ideológica, sino que es una clara señal de continuidad ética con prácticas totalitarias.

La captura del Estado, sus poderes e instituciones

Hoy, el peligro de la mafia fujimontesinista y demás organizaciones criminales radica en consolidar el control integral del aparato estatal. No se trata ya de influir o participar en la política, sino de continuar subordinando todas las instituciones a una lógica de poder concentrado, en que:

  • El Congreso actúa como escudo de impunidad.
  • El poder judicial opera al servicio de las mafias.
  • La prensa mercenaria construye narrativas funcionales al poder.
  • Los intereses económicos de la lumpen burguesía deciden la agenda nacional.

El peligro es inminente, ya que esta organización criminal ha copado las instituciones del Estado y tiene la capacidad operativa para consumar el robo electoral. Recurren a esta táctica porque enfrentan el repudio abrumador de una ciudadanía que -en Costa Sierra, Selva y en el extranjero- los señala como los principales responsables de la descomposición de la sociedad y el Estado. Fieles a su libreto, cuando los resultados electorales no les favorecen, gritan fraude; exactamente como lo hicieron en 2021 con acusaciones sin ningún sustento.

Entre el repudio popular y la persistencia del poder

Existe una contradicción evidente que marca el escenario político actual, en que mientras amplios sectores de la población expresan rechazo hacia Keiko Fujimori, el fujimontesinismo mantiene capacidad real de poder por las razones antes precisadas. Esta contradicción solamente se explica si entendemos que no estamos frente a una fuerza política convencional, sino ante una estructura mafiosa que trasciende lo electoral, que se sostiene en ilegales redes de influencia, turbias alianzas económicas y severo control institucional. En otras palabras, su fuerza no proviene únicamente de votos, sino de su capacidad de operar dentro del Estado, incluso cuando pierde legitimidad social.

Lo que está en disputa en el Perú es la confrontación entre un proyecto de país y una estructura delictiva de poder que ha hecho de la corrupción, la impunidad y el control mafioso del Estado su forma de existencia. El fujimontesinismo 2.0 se constituye en una amenaza persistente que, bajo nuevas formas, busca consolidar lo que en los años noventa se impuso por la represión y dictadura concretado en un Estado al servicio de intereses de los explotadores, saqueadores y no del pueblo.

Cierre de la Primera Parte

Lo planteado permite arribar a una contundente conclusión preliminar aseverando que el fujimontesinismo reeditado 2.0 constituye una mafiosa estructura de poder que ha logrado adaptarse históricamente para preservar su capacidad de imponer sus objetivos atentatorios a los intereses de la nación y el pueblo. Su continuidad descansa en liderazgos visibles y en una compleja red de relaciones –propias de una organización criminal- que articula poder político, influencia institucional y mecanismos de control que operan al margen de la legalidad.

En el marco de la perspectiva referida, la verdadera gravedad del fenómeno radica en su pasado criminal y en su capacidad de asaltar instituciones, condicionar decisiones públicas y distorsionar las reglas del juego democrático para ponerlas al servicio de intereses de las clases sociales explotadoras y de la dominación imperialista. Así, lo que se presenta formalmente como democracia liberal encubre, en los hechos, dinámicas de poder perniciosos que deterioran su contenido y la subordinan a la casi absoluta impunidad.

La contradicción entre el repudio ciudadano y la persistencia delictiva de esta estructura mafiosa evidencia que su poder no emana del consenso social, sino de la captura y subordinación del Estado y de sus instituciones, puestas al servicio de sus intereses espurios. No estamos, por tanto, ante un fenómeno coyuntural ni circunstancial, sino frente a un problema de carácter estructural que compromete y desnaturaliza la esencia misma del caduco Estado peruano.

No obstante, comprender la dimensión política e institucional del fujimontesinismo resulta insuficiente si no se examinan críticamente los fundamentos económicos, sociales, políticos e ideológicos que garantizan su sostenimiento y reproducción. Detrás de la captura del Estado y de sus poderes no solo opera una estructura de dominación, sino un modelo neoliberal profundamente depredador, sustentado en una lógica de acumulación que intensifica la explotación del trabajo, agrava la precarización social y profundiza la destrucción de la naturaleza. A lo anterior se suma un entramado de intereses mezquinos que no solo explican su persistencia, sino que revelan la funcionalidad estructural de este régimen en la reproducción de un injusto sistema capitalista que se caracteriza por ser desigual, explotador y opresor. Es precisamente allí en que se ahonda el problema.

En la Segunda Parte se analizará cómo este poder gansteril no solo se sostiene en la esfera política, sino que se proyecta y consolida a través de un modelo económico neoliberal profundamente excluyente; de prácticas sistemáticas de negociados, entreguismo y saqueo de los recursos nacionales; y de una creciente precarización de la vida social que despoja a las mayorías de sus derechos y libertades. Asimismo, se examinará cómo este entramado opera mediante la criminalización de la protesta social, la persecución política, la manipulación mediática y diversas formas de control social —incluyendo mecanismos de coerción como la extorsión y el sicariato, configurando un verdadero pacto mafioso que impulsa marcos legales funcionales al crimen y compromete gravemente las bases mismas de la nación peruana y los intereses de las masas populares.

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